Las visiones de la justicia social de las religiones para fomentar el desarrollo social inclusivo En preparación de la Cumbre Social Mundial 2025
Sala Z-407
Trasfondo
La Cumbre Social Mundial 2025, oficialmente denominada la Segunda Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social (WSSD2), a celebrarse del 4 al 6 de noviembre de 2025, en Doha, será un importante evento a nivel de Jefes de Estado o de Gobierno, destinado a promover el desarrollo social inclusivo. Centrada en la justicia social y basada en el legado de la Cumbre de Copenhague en 1995, la Cumbre Social Mundial 2025 subrayará el papel fundamental que desempeñan las políticas sociales en el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).
La justicia social se encuentra profundamente enraizada en las enseñanzas de las principales religiones del mundo. La propia expresión “justicia social” fue acuñada en 1843, por el R. P. Luigi Taparelli, quien influyó sobre el papa León XIII, autor de la encíclica Rerum novarum, uno de los documentos claves de la Doctrina Social de la Iglesia Católica. Aunque los estándares de la justicia social están delineados en los acuerdos internacionales de derechos humanos, muchos de ellos fueron prefigurados en las enseñanzas religiosas sobre la dignidad humana.
Las religiones han tenido un rol importante en la enunciación de la justicia social, pero también en la respuesta a la injusticia social, oponiéndose activamente a ella. En América Latina y el Caribe, muchos líderes religiosos se han caracterizado por deslegitimizar y resistir las injusticias sociales, al hablar abiertamente y fuertemente contra ellas. Más allá de ser un imperativo moral y religioso, la justicia social allana el camino a la reducción sostenida de las desigualdades, que es condición indispensable para la resolución no violenta de conflictos.
Religiones por la Paz está unida en un consenso moral de que todas las personas están dotadas de una dignidad fundamental. Respetando las diferentes interpretaciones religiosas, Religiones por la Paz está convencida de que la verdadera dignidad humana está enraizada en lo Sagrado. Muchas comunidades de fe subrayan la relación estrecha entre la “imagen de Dios” y la dignidad humana. Esta dignidad es “inviolable”. Pero el reconocimiento de esta dignidad debe ser “restaurada” cada vez que es violada.
Cuando la “imagen de Dios” es restaurada, la dignidad de la persona reaparece. “La igualdad entre los hombres se deriva esencialmente de su dignidad personal y de los derechos que dimanan de ella”i, y por ello, la “imagen de Dios” ha tenido una fuerte influencia en el establecimiento de la justicia social. También, la dignidad humana y la justicia social son valores consustanciales a la Organización Internacional del Trabajo (OIT). El enfoque basado en valores es un factor esencial tanto para la OIT como para las religiones.
La noción de desarrollo social inclusivo remite a “la capacidad de los Estados de garantizar el pleno ejercicio de los derechos sociales, económicos y culturales de las personas, consolidando espacios para su participación y reconocimiento, abordando las brechas de acceso a ámbitos fundamentales del bienestar y dando cuenta de las desigualdades sociales y sus ejes estructurantes desde la perspectiva del universalismo sensible a las diferencias”ii. Una sociedad inclusiva supera las diferencias de raza/etnia, genero, generación y geografía.
La Alianza Interreligiosa para la Agenda 2030 en América Latina y el Caribe, formada en 2014, es una red de organizaciones basadas en la fe que trabajan juntas para promover esfuerzos para abordar la desigualdad y la exclusión en la implementación, el monitoreo y el examen de los ODS en la región. La Alianza Interreligiosa para la Agenda 2030 se basa en los valores éticos compartidos de las comunidades de fe, el enfoque basado en los derechos humanos (EBDH) y la visión de un "modelo de desarrollo incluyente, sostenible y enfocado en las personas".
Objetivos
• Reflexionar sobre la interacción entre las visiones de justicia social de las religiones y el desarrollo social inclusivo, para la implementación de los ODS en el contexto latinoamericano y caribeño.
• Movilizar las voces de las comunidades de fe para fortalecer la narrativa sobre la necesidad de la justicia social como motor de la paz y el desarrollo sostenibles en América Latina y el Caribe.

